Cuba por cárcel

Qué afán pueden tener las Farc en ponerle punto final al conflicto, estando sus cabecillas en ese paraíso natural y musical llamado Cuba. Qué afán de romper los diálogos para volver a la espesura húmeda de la selva colombiana. Qué afán de firmar la paz y volver a Colombia para que los fulmine la ultra derecha o los silenciemos los votantes en las urnas.

Mejor alargar estos tiempos dorados en La Habana lo más que se pueda, deben pensar. Alargarlos, ojalá hasta el día en que mueran de viejos con un vaso del mejor ron del mundo en una mano y el mejor tabaco del universo en la otra.

Mejor quedarse oyendo el ‘Chan Chan’ de Buena Vista y el ‘Ojalá’ de Silvio Rodríguez que en Cuba tiene otro aire. Mejor caminar otros cuatro, otros ocho años por el malecón habanero y detenerse en el muelle a tomar una cerveza Cristal o Bucanero mientras el sol se refleja en la cúpula dorada de la catedral ortodoxa.

Para qué matar tan rápido la gallina de los huevos de oro, mejor alargar estas vacaciones pagadas para tomar Cuba Libre en Los Dos Hermanos, donde Hemingway despejó la mente; mejor conservarse en mojito, charlar con los orishas en el Callejón de Hamel y recibir en el rostro las gotas de la fuente de la Plaza de San Francisco, en esas tardes largas que tardan tanto en volverse noche.

Mejor que la paz, mejor que la guerra, ha de parecerles esta Cuba por cárcel, donde jamás se ha sabido que Márquez y Catatumbo sigan el ejemplo de su ídolo el Che Guevara, que al terminar sus labores se quitaba la camisa y regalaba su trabajo, hombro a hombro, con los obreros cuyos ideales decía defender.

No, estos de las Farc son otros tipo de ‘revolucionarios’, de catamarán y puros finos, que no se ensucian las guayaberas blancas con el sudor del trabajo sino con las salpicadoras de las langostas que pescan para ellos las buenas gentes cubanas, siempre sonrientes y alegres, hospitalarias y dignas.

Así, cualquiera retrasa la firma hasta de su propia herencia. Así, en semejante paraíso que es Cuba, cualquiera se queda prendado y no vuelve. Habría que trasladar los diálogos a Siberia, digo yo, a ver si se acaba este trastabilleo que más se parece a los pasos cadenciosos de un son montuno que a una marcha firme y decidida hacia la paz.

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